Cuando nuestros niños y niñas gritan, desobedecen, y tienen conductas que no nos gustan, tendemos a pensar, que lo que están haciendo está mal, y ya. Casi nunca nos paramos a pensar, que quizá haya algo más que una «simple» rabieta. Las prisas, las rutinas, horarios…la vida, a veces no nos permite preguntárnoslo.
Ellos tiene necesidades que cubrir. No solo físicas, si no emocionales.
Emociones reprimidas, experiencias que no han sabido resolver y ante las que se han encontrado indefensos. Y en las que nosotros no estábamos para guiarles y acompañarles.
Ellos al igual que nosotros, viven situaciones que hacen que sus emociones, bailen, se tambaleen, y de las que no saben salir airosos.
Pararnos, merece la sonrisa de ellos. Atender esas necesidades emocionales, puede ayudarnos a que se corrijan esas conductas que no nos gustan. Nos ayudará a acercarnos emocionalmente a ellos.
A nosotros mismos como padres. A cambiar esa visión de que ellos son solo nuestros hijos. Son personas con emociones, con reacciones ante lo que viven, como nosotros.
Merece la sonrisa pararse a pensar en ello…
La fotografía elegida parece que nos dice…»Mira quién soy…»
Fotografía de Marllon Cristhian Barbosa

