Sentir nuestra presencia en la vida que nos rodea. Ser conscientes de lo que sentimos, de lo que nos emociona. Ponerle palabras a todo ello. Expresarlo con armonía, pero también con enfado, o con tristeza…con calma o alegría… pero siempre sin dejar de sentirnos y valorarnos.
Cuando somos pequeños, es difícil tener ese grado de consciencia. Nuestro cerebro y nuestro corazón aún no lo han alcanzado.
Pero, ¿Y si les ayudamos a ello? Validando sus emociones y lo que nos cuentan de ellas, ofreciendo alternativas y respuestas sanas, escuchando de manera activa prestando atención, dedicando tiempo…
Desde LaCasadeB, os animo a ello…
Sentir su presencia, al igual que la nuestra, es algo maravilloso…
GRACIAS

